HACE 75 AÑOS….El 1 de setiembre de
1939, con la invasión de Alemania nazi a Polonia, se iniciaba lo que
seguramente fue la conflagración más terrible en la historia de la humanidad.
Comenzaba la Segunda
Guerra Mundial
Decenas y decenas de
millones de muertos. El Holocausto del pueblo judío. Genocidios de otras
minorías como ser los gitanos. Bomba atómica sobre Hiroshima y Nagasaki. Europa
desangrada. Buena parte de Asia también. Sin olvidar el norte de África.
Destrucción y muerte.
La Segunda Guerra Mundial
duró seis años. Los nazis, sus aliados y cómplices fueron finalmente
derrotados. Sin embargo el nazismo no fue totalmente vencido.
Cuando uno repasa los
acontecimientos que condujeron a la Segunda Guerra Mundial-partiendo del
Tratado de Versalles de 1919- llega a la conclusión de que, a pesar de Hitler,
el nazismo y un montón de circunstancias en cadena que se fueron dando, la
guerra podría haberse evitado en la medida en que los otros países,
particularmente las democracias occidentales, hubiesen actuado con convicción y
firmeza cuando aún lo podían hacer, es
decir, antes de 1939.
Lo que ocurrió fue
totalmente lo contrario.
Amparado en la bien
intencionada pero cada vez más débil democracia de Weimar, el veneno nazi se
fue expandiendo, primero por Alemania-crisis sociales y económicas mediante,
más la ceguera y desunión absoluta entre
los partidos políticos opositores-pero la responsabilidad principal la tuvieron
posteriormente las democracias occidentales europeas (en especial el Primer
Ministro inglés de aquellos tiempos, Neville Chamberlain) las cuales, en lugar
de actuar con energía ante la Alemania nazi, practicaron una tan ingenua como
nefasta política de «apaciguamiento», la que llegó a su punto
culminante en la Conferencia de Munich, setiembre de 1938: cuando
Checoeslovaquia es «vendida» para evitar una guerra que de todos
modos no se evitó. La evaluación política de dichas democracias fue de lo más errónea, considerando las
mismas a Hitler como un mal menor respecto de, por ejemplo, Stalin. Si Francia,
Inglaterra y Stalin se hubiesen unido contra el nazismo antes de 1939…pero no
fue así, como sabemos.
Por si todo esto fuese
poco, el Pacto germano-soviético de agosto de 1939-responsabilidad compartida
entre Stalin y las mencionadas débiles democracias en las cuales el dictador
soviético no confiaba y en parte con razón-fue finalmente la gota que desbordó
el vaso.
La lección es clara: la
respuesta frente al nazismo y otros totalitarismos, extremismos y fanatismos
debe ser firme, enérgica, uniéndose todos aquellos que puedan hacerlo ante el
enemigo común.
No funciona, no puede
funcionar en esos casos ni la moderación ni el ingenuo apaciguamiento.
Y si la democracia no es
capaz de enfrentar «democráticamente»-valga la redundancia-a esas
hordas de asesinos, pues entonces hay que enfrentarlos de la única forma que
ellos entienden. Comenzando por situarlos al margen de la ley.
La democracia no debe
nunca permitir en su seno a grupos, movimientos o partidos que pongan en
peligro a…la democracia. La sagrada libertad de expresión y otras sagradas
libertades no pueden ser utilizadas ni para difamar, ni para discriminar, ni
para agredir.
Cuando a estos grupos se
los deja crecer y no se los detiene a tiempo las consecuencias, tarde o
temprano, están a la vista.
Por cierto no
solamente hay que combatirlos -reitero,
en primer instancia por la vía legal, constitucional- sino hay que, obviamente,
combatir las causas de fondo que son las que hacen posible el surgimiento y
consolidación de estos grupos extremistas, irracionales y fanáticos.
Y seguramente, antes que
todo esto, esta la educación, la que debería ser la principal y más eficaz
herramienta contra los movimientos nazi fascistas y racistas del tipo que
fueren.
Cuando escribo
«educación» me refiero a instituciones educativas formales, planes de
estudio a aplicar desde la mas tierna edad. Pero por sobre todo a la educación
en el hogar, a la cual ninguna escuela reemplaza.
Tampoco en nuestro
querido Uruguay estamos ajenos al flagelo. También aquí debemos de hacer todo
lo posible para prevenir antes que tener que curar, por más que,
comparativamente a otras latitudes
estamos relativamente mejor en cuanto al tema que nos ocupa.
Hoy día, el
«ismo» que está sembrando el caos en el mundo es el terror-ismo, bajo
la forma de fundamental-ismo islámico (no está de más aclarar que el Islam es
otra cosa muy distinta).
Contemplamos con horror
lo que ocurre en Siria, Irak, Nigeria -para citar solo algunos ejemplos- con
bandas terroristas como Al Qaeda, Boko Haram u otros grupos que también se
«mueven»-es decir asesinan- en la región y más allá y por si todo
esto fuera poco, hace su aparición el «Estado Islámico».
En su momento, el nazismo
sembró el caos en el mundo: racismo, destrucción, muerte.
Mas allá de las
diferencias, las actuales hordas terroristas-fundamentalistas mencionadas, también están sembrando el caos
en el mundo. Ahora es Medio Oriente. Y luego?
¿Hemos aprendido una de
las lecciones de la Segunda Guerra Mundial?
Al nazismo se lo dejó
venir y ya sabemos cuales fueron las consecuencias.
¿Se habrá de practicar la misma nefasta política de
apaciguamiento con los terroristas-fundamentalistas de hoy?
Nazismo y apaciguamiento
01/Sep/2014
Lic. Rafael Winter